La ceremonia del té

En esta entrada continuamos hablando de la cultura Japonesa, anteriormente os hablamos del kintsugi una técnica de reparación cerámica originaria de de este país, en esta ocasión os hablamos de la ceremonia del té, acto social muy arraigado a la cultura japonesa en el que encontramos un alto protagonismo de la cerámica en su celebración.

Introducción de la ceremonia del té en la cultura japonesa

El inicio de esta costumbre viene a partir de la importación desde China del método de elaboración del té verde matcha por parte de la secta Rinzai del budismo zen. El consumo se inició en los templos y pronto se popularizó por todo el territorio.

En periodos posteriores se popularizó la ceremonia del té durante los banquetes de las casas samuráis y de la nobleza japonesa.

En un primer momento, la ceremonia no tenía el carácter espiritual que adquiere hoy día, era considerado más como una reunión social, en la que los nobles tenían la oportunidad de presumir mediante sus tazones de té de alto valor importados de china o mediante las decoraciones ostentosas de las estancias.

Más adelante, Murata Jukō prohibiría los juegos de azar y la ingesta de bebidas alcohólicas durante la celebración de la ceremonia, además introduciría el estilo wabicha, más austero, en el que lo más importante es la comunión espiritual entre el anfitrión y los invitados

Más adelante, el maestro Sen no Rikyū, perfeccionaría el estilo wabicha en la ceremonia del té, convirtiéndola en un rito sencillo y sosegado en el que se da más importancia a un estado mental de armonía, respeto, pureza y tranquilidad. Este es el origen de la ceremonia del té que conocemos en la actualidad.

Influencia de la ceremonia en la cerámica japonesa

La cerámica se vuelve muy importante en la cultura japonesa, a raíz de la ceremonia del té, esto se debe a que los utensilios empleados en la ceremonia están realizados en cerámica y se les otorga un gran protagonismo en el proceso ritual de ejecución de la ceremonia.

Además, en la antigüedad, los maestros de té eran considerados árbitros de las artes y la cultura e imponían las normas y gustos de estas, convirtiéndose en jueces estéticos.

la cerámica se ve influenciada cuando los maestros del té comienzan a apreciar la belleza de las piezas utilitarias, tales como aquellas utilizadas para almacenar grano, agua o cocinar. Estas piezas acostumbraban a ser irregulares puesto que eran elaboradas de forma primitiva; los esmaltes eran depósitos de cenizas de madera utilizada para la combustión. Fue esta simplicidad la que apreciaron los maestros por estar acorde con la austera serenidad de su ideal de belleza.

El raku detonante en la evolución de la ceremonia

Debido al inicio del uso de piezas de raku para la celebración de la ceremonia del té esta evolucionó de ser una mera reunión social a ser una celebración compleja a modo de ceremonia en el que se trató de juntar distintas disciplinas artísticas, tales como: la arquitectura, la artesanía, el arte, la caligrafía…teniendo una fuerte incidencia en hacer progresar la mente del individuo participante a través de pensamientos filosóficos y del budismo, transcendiendo a la vida cotidiana de los mismos.

Las piezas de cerámica raku japonesa primigenias son elementos cerámicos con colores monocromáticos donde el rojo y el negro son los colores protagonistas, siendo estos los únicos utilizados por dicho ceramista, pretendiendo crear una estética singular en la que se omite cualquier distracción y siendo de carácter minimalista muy en la línea filosófica de la ceremonia del té

Otra característica de la cerámica Raku primigenia, en contraposición a otras técnicas cerámicas, es que no está realizada al torno, sino que está modelada desde el barro utilizando solo las manos del artista, lo cual hace que el espíritu del artista se manifieste a través de la creación de la obra acabada, ya que el artista moldea las piezas impregnando su personalidad y su carácter en ellas, haciendo de estas piezas algo único, íntimo y muy personal.

Qué es la ceremonia del té

Es la preparación y el ofrecimiento, en forma de ritual, del té verde en polvo en presencia de invitados. Una ceremonia de té formal completa incluye una comida y dos clases de té, y dura aproximadamente cuatro horas, donde el anfitrión se dedica a crear un ambiente en el que sus invitados disfruten estética, intelectual y físicamente, rodeados a su vez de una inmensa serenidad.

El anfitrión puede llegar a necesitar años para dominar los procedimientos acompasados necesarios para servir el té a sus invitados.

Aunque el esfuerzo del anfitrión va enfocado al disfrute de sus invitados, la ceremonia es también una oportunidad para dar una lección de humildad a los participantes de esta, al concentrar la atención en la belleza de los aspectos más sencillos de la naturaleza, como pueden ser la luz, el sonido del agua, el fuego que calienta esta y las piezas cerámicas en las que preparamos el té

Las conversaciones en este tipo de ceremonias deben estar enfocadas al origen de los utensilios utilizados y alabarán la belleza de las manifestaciones naturales reflejadas en estas.

El objetivo de esta ceremonia subyace en el budismo zen, el vivir el momento presente, y todo el ritual se prepara para que los sentidos se concentren en ello y la mente no se distraiga en cosas mundanas. Este aspecto de la ceremonia es muy similar al concepto de mindfulness terapia psicológica aplicada en la actualidad para tratar trastornos como el de ansiedad y extraída de los métodos de meditación budista.

La ceremonia, tal como se conoce hoy día, se basa en el llamado Wabi que significa literalmente “desolación”. La filosofía zen toma el lado positivo de esto y dice que la mayor riqueza se encuentra en la desolación y en la pobreza, porque miramos nuestro interior y encontramos allí la verdadera riqueza espiritual, cuando no hay nada que nos ata a las cosas materiales. Dicho esto, su estilo de hacer té se llama por lo tanto wabi-cha.

La ceremonia del té paso a paso

A continuación describiremos los pasos a seguir a la hora de realizar el rito de la ceremonia completa con el fin de hacer ver la complejidad de esta celebración tan importante en la cultura japonesa

Para comenzar a realizar la ceremonia del té el anfitrión reúne a los asistentes en una habitación, a modo de espera, con una decoración diáfana y simple tratando de enfatizar la austeridad de estímulos externos a la celebración.

En primer lugar se les sirve una taza de agua caliente que será la posteriormente utilizada para hacer el té.

A continuación, pasan a una pérgola en el jardín y esperan a ser recibidos por el anfitrión. Tras realizar las reverencias pertinentes al acto, el anfitrión guía a los invitados a un lavabo de piedra tradicional en el que deberán lavarse las manos y la boca con el agua caliente, con la intención de purificarse, finalmente entran a la habitación donde se practicará la ceremonia, a través de una entrada especial, situada a una media altura, por lo que los invitados deberán agacharse para entrar con la intención de transmitirles a todos y cada uno la idea de que todos son iguales.

Una vez dentro de la habitación, a los invitados se les ilustra con un tipo de pergamino que se encuentra colgado en la pared, generalmente en un hueco ambientado para ello, que suele tener escritas palabras o frases con la caligrafía de los monjes budistas, en ellos se transmiten valores y pensamientos de la cultura zen.

Una vez leído el pergamino, todos se sientan de la forma tradicional japonesa, es decir, se arrodillan en el tatami cada uno en su sitio y se realizan los saludos pertinentes.

Cuando todos han realizado sus reverencias el anfitrión comienza a avivar el fuego poniendo en el hornillo carbón vegetal y prendiéndole fuego, mientras tanto sirve una comida sencilla de alimentos estacionales, no siendo muy copiosa, con el único objetivo de saciar un poco el hambre de los invitados.

Después, vuelven a salir a la pérgola del jardín y esperan a ser llamados de nuevo para que se les sirva el té.

Antes de entrar a tomar el té, los invitados realizan una limpieza de los utensilios que van a utilizar en la ceremonia a modo de purificación simbólica, mediante movimientos rítmicos y delicados que los mantienen inmersos en un pequeño estado de calma concentrada, es un acto que se realiza en silencio.

Cuando el té está listo se vierte en un tazón y se pasa entre los invitados con la intención de compartirlo y generar así una sensación y sentimiento de unión entre los integrantes, tratando de crear un vínculo momentáneo del que todos se sientan partícipes.

Una vez realizada esta primera toma, el anfitrión añade más carbón vegetal al horno y vuelve a servir un pequeño tentempié de dulces secos japoneses, mientras que se hace la segunda toma, en esta ocasión, el té será más ligero y con más espuma, se le denomina “usu-cha”.

Finalizando la ceremonia se ve como esta va adquiriendo poco a poco un carácter más informal en el que los allí presentes conversan ya de una forma más distendida, pero siempre manteniendo cierta compostura y respeto por el ritual que están realizando.

En este tipo de ritual se elige a uno de los invitados, como el invitado principal, es este el encargado de realizar las cuestiones relacionadas con los utensilios que se emplean o las decoraciones que se han elegido para la ceremonia, así es sólo uno quien interfiere con el anfitrión y se dan menos situaciones de interrupciones o conversaciones innecesarias.

Pautas de los invitados

Debido al carácter ritual de esta celebración, no solo el anfitrión debe de conocer el protocolo a seguir para el desarrollo de la ceremonia. Los invitados también tienen que ser conocedores de la forma de actuar ante la ceremonia y deben considerar ciertos aspectos para comportarse en consecuencia ya que el correcto comportamiento de los invitados supone en si un acto de agradecimiento para el anfitrión. Dichos aspectos serían los siguientes:

La forma de actuar cuando se toma el té espeso y el té ligero es diferente, pero en ambos casos, el té debe servirse con la parte frontal del tazón orientada hacia el invitado. Considerando la parte frontal aquella en la que el diseño o el vidriado del propio tazón es más bonita y mejor detallada.

Una vez puesto delante del invitado el tazón, este debe prestar atención a la delicadeza del mismo, a las formas que en el están dibujadas, y tratar de admirar desde una perspectiva sencilla, la belleza que está impregnada en la cerámica, procurando no ensuciar el tazón mientras beba de él.

Cuando se realiza la primera toma del té, el “koi-cha”, los invitados como hemos mencionado anteriormente se van pasando el tazón. Cuando un invitado recibe el tazón, debe ponerlo frente a sí mismo, poniéndolo entre él y el anfitrión, realizándole una reverencia.

El invitado debe tomar el tazón con la mano derecha y colocarlo en la palma de la mano izquierda, haciendo así la forma con las manos de cuenco, en ese momento debe inclinar la cabeza en señal de agradecimiento, una vez hecha la reverencia se realiza un pequeño sorbo.

Cuando acabe de beber, se coloca otra vez el tazón en el tatami, y delicadamente se limpia con una servilleta de tela la parte que ha usado para sorber. Una vez limpio, se vuelve a dejar el tazón con la parte frontal mirando al anfitrión y se pasa al siguiente invitado, cuando se le pasa el tazón también se realiza una reverencia.

Para la segunda toma, el “usu-cha”, la diferencia es que el té se sirve de manera individual, una vez el invitado acaba de bebérselo levanta el tazón como muestra de agradecimiento con los codos puestos sobre las rodillas y admira la belleza del tazón una vez más.

Cuando devuelve el tazón al tatami, el invitado es quien debe de encargarse de poner sobre servilletas ya preparadas los dulces antes de comerlos.

Para tratar los dulces no secos, cortarlos y comerlos, se emplea un palillo especial, una vez divididos se pueden comer con las manos.

La ceremonia del té, una tradición compleja y enriquecedora

Como hemos podido ver en esta entrada, la ceremonia del té supone una reflexión en si misma de aspectos muy importantes en el estilo de vida actual. Supone una reflexión sobre lo necesario que es en ocasiones parar nuestro ritmo de vida para poder concentrarnos en el presente sin más pretensión que apreciar lo que nos ofrecen los pequeños actos, otorgándoles una importancia que de otro modo no les daríamos y haciéndolos de este modo grandes y relevantes para nuestras vidas.